El mago y la madera
Casi sin darnos cuenta, aunque sabíamos que el Negro Carrasco presentaba a los amigos un pedazo de su ser hecho en madera, digo casi sin darnos cuenta nos metió en su magia donde solo se llega a través de la elevada y costosa armonía espiritual, tal vez el grupo comulgó en lo afectivo y en los reencuentros añorados que la vida te regala no con mucha asiduidad, lo que sí sé, fue que el taller se inundó de quimeras y de viejas razones para saber que el vuelo se practica, se entrelaza en la ría de la suerte y no todo es prenda ni arquetipo, ni rumbo establecido, ni bitácora marcada por tres entretelones.
El violín comenzó a testimoniar artilugios y golpeteos de manos, nos contó de silencios
entre gubias y soles, de silencios en los desvelos respirados e irresolutos, de silencios entre lunas cautivas en los vidrios del mago, y no podíamos entrar en la fruta del vino sin la pendular y cobijada tonalidad del rito. Las muecas del mago trenzaban selvas y montañas, rubricaban coloridas razas danzando alrededor de miles de ponientes ,era como una huella que recorría sin dudarlo ancestros y linajes, el violín sonaba aquí y resonaba en el chaco paraguayo, en la selva carioca y en el sur montañoso donde engulló su espiga.
Introducidos ya en la orquestada forma de sonido piadoso de los ejecutantes se veía en sus caras un goce singular que se endosaba al grupo. Fueron y vinieron luces y sombras repartidas en sonoridad, intrusadas en el afecto y la dicha, y a medida que la noche transcurría el manto se agrandaba y nos dejaba tibios en los vasos de fuego.
El mago se reía y entre sus ojos moros se atinaba de roles y de embrujos, se ubicó en un costado y empezó a deleitarse con la nitidez del instrumento, como un maestro que escucha a su alumno leer sus primeras palabras y la sonrisa se convirtió en regocijo y satisfacción, sus ojos como un prisma reflejaban en la mesa la sonoridad de su vástago encordado: atemperó en la creación y nos mostró sus manos casi como un testimonio de profeta... El Mago atesoraba felicidad y compartía.-
Horacio